B. Ferrer

Lo sé todo. Y no me digas que tú no lo sabías porque tu aspecto calmo te delata. Sólo te vistes así cuando te entregas al sol que más calienta o cuando quieres disfrazarte de un mar que no eres y esconder tu carácter atlántico. Sé que lo has hecho para protegerme, pero deberías habérmelo contado, que para eso eres mi mejor amigo…

Acabo de descubrir que toda mi vida ha sido una gran mentira. Siete años y medio creyendo en algo que no existe y esperando cada 6 de enero con la ilusión de que por fin, esta vez, se cumpliera el deseo con el que firmaba todas mis cartas: que todos los niños del mundo tuviesen un motivo para sonreír el día de Reyes. ¿Y todo para qué? Para acabar descubriendo que eso es imposible, porque los únicos reyes que existen no son magos, ni viajan en camello, ni se encargan de repartir ilusión… Son personas normales, que viven en palacios ‘reales’ pero no hacen nada útil por los niños que hoy ‘realmente’ lo están pasando mal, ni siquiera castigar con carbón o explicarnos la ‘realidad’, el porqué hay gente que, aun teniendo mucho, roba y deja sin juguetes a otros que tienen muy poco.

Bueno, definitivamente la magia no existe, pero tú sí y los peces voladores también porque les he visto alguna vez. Así que habrá que empezar a pensar en la manera de recuperar la ilusión porque mi deseo es el mismo. Por ahora regálame unas olas de esas que no ahogan y juguemos.