Manifestación contra el golpe de Estado del 23F de 1981. EFE

Manifestación contra el 23F de 1981. (EFE)

Manifestación 23F de 2013. (Luis Sevillano, El País)

Manifestación 23F de 2013. (Luis Sevillano, EL PAÍS)

Cuentan las hemerotecas que cerca de 1.200.000 personas salieron hace 32 años a las calles de Madrid, un 27 de febrero de 1981, para mostrar su repulsa contra el intento de golpe de Estado del 23F. Ayer, 32 años después, 23 de febrero de 2013, no fueron pocos los que, convocados por el colectivo Marea Ciudadana se manifestaron contra “el golpe de los mercados”.

Por el momento desconocemos la estimación oficial de los asistentes porque, como dijo paradójicamente anoche en un programa de televisión la delegada de Gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes, “nunca coincide la cifra que facilita la Policía Nacional y la de los organizadores, por lo que es mejor no entrar en ese tema”. Vaya, nos vamos a quedar con las ganas de realizar una curiosa operación matemática: la de número de antidisturbios por manifestante que había ayer en la capital, porque eso sí que lo sabemos, eran nada más y nada menos que 1.400 los agentes de este cuerpo (UIP, Unidades Policiales de Intervención) llamados a participar -desde Málaga, Valencia, Valladolid y Sevilla- en el operativo de seguridad.

La indiferencia de Cifuentes ante el grueso de personas que ayer tarde sacrificó el sofá de su casa por el frío invernal de las calles de Madrid es tan desalentadora como la brecha espacial entre estas dos imágenes. Y no se trata de la distancia temporal ya sabida de 32 años. En la instantánea de 1981 se observa como las personas transitaban con libertad por los alrededores de un Congreso de los Diputados en el que creían.

Ayer, un perímetro de seguridad de naturaleza múltiple, como viene siendo habitual, se ocupaba de dibujar las distancias: vallas, furgones policiales y agentes de las UIP, policía equestre y, unos 150 metros más arriba, a lo lejos, la silueta de los leones del Congreso…

Un ritmo de retroceso y obsesión por alejar al pueblo del edificio que alberga su Parlamento que asusta. Ahora sí, un estado de conservación de las baldosas de la Carrera de San Jerónimo, debido a la superprotección a la que están siendo sometidas, que agrada.