De izquierda a derecha, Durao Barroso, Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar. (Associeted Press)

De izquierda a derecha, José Manuel Durao Barroso, Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar. (Fuente: Associated Press)

A diez años vista de aquel 20 de marzo de 2003, Irak sigue debatiéndose entre la guerra y la paz.

El proyecto de importación forzada de democracia occidental sin consenso internacional, llevado a cabo por EE.UU. y sus aliados (España, Reino Unido y Portugal) se esfuma entre bomba y bomba que explota en Bagdad y alrededores. Quizás la fórmula elegida para hacer florecer una sociedad del bienestar, a golpe de mortero, no fue de inicio la más adecuada. Quizás el uso de la fuerza desembocó, como en la inmensa mayoría de los casos, en más violencia. Quizás la utilización de argumentos inventados (como puedan ser armas de destrucción masiva) no fue la mejor credencial para ganarse el respeto ni la credibilidad de nadie. Quizás el saldo superior a 100.000 muertos locales en siete años de conflicto no sirvió para otra cosa que para instalar el dolor perpetuo en el seno de muchas familias iraquíes. Quizás una guerra deba entenderse, hoy y siempre, como un buen negocio para unos pocos, los que fabrican las armas (legales e ilegales), y para nadie más…Quizás, quizás, quizás…

De poco sirve sacar conclusiones de si un conflicto valió o no la pena desde el punto de vista estratégico o político, y de mucho mirar a los ojos de la gente, de los civiles, porque aunque sea de recibo mirar también a los ojos de los combatientes, hay que distinguir que el deber de combatir está incluido en sus honorarios. El pueblo no decide y tampoco percibe una nómina el día 30 de cada mes, ni dietas de peligrosidad, por padecer una guerra, por eso siempre, a todos los niveles, es el que más pierde.

Y por ello precisamente, lejos de escuchar razones y sinrazones políticas, puede que lo más constructivo sea dar voz a ese más de un millón de iraquíes por el mundo, bien distinto del exitoso formato televisivo que aquí en España nos muestra solo la cara amable del que decide empezar de cero a miles de kilómetros de sus orígenes. Porque viajar a la fuerza y con el peso de la renuncia a todo en la maleta difiere mucho de posar para una foto en Las Azores con aires de salvadores del mundo.

Hay imágenes que avergüenzan, y la que precede a estas líneas es una de ellas por el hecho de que ninguno de sus protagonistas haya practicado todavía el sano ejercicio de la autocrítica y porque el portugués Durao Barroso ostente la presidencia de la Comisión Europea.

Igualmente avergüenza la pasividad ante presuntos vídeos vejatorios relacionados con algunos miembros del Ejército Español que, ahora, difunden a los cuatro vientos algunos medios de comunicación. Medios que hace años, allá por 2004, miraron para otro lado ante la denuncia del fotoperiodista Gervasio Sánchez sobre el caso del colaborador del CNI y traductor iraquí Flayed al Mayali: arrestado en Diwaniya, vendido a la suerte de las ‘honorables’ prisiones norteamericanas de Abu Graib y Um Qasar y posteriormente absuelto sin cargos pero con el desamparo absoluto de aquellos a quienes algún día sirvió (que casualmente vestían uniforme militar español).

Instante en el que Muntazer al Zaidi lanza un zapato a George W. Bush, de visita en Irak en diciembre de 2008. (AP)

Instante en el que el periodista iraquí Muntazer al Zaidi lanza un zapato a George W. Bush, de visita en Irak el 14 de diciembre de 2008. (AP)

Podría ser un aniversario con tintes de esperanza en que algo ha cambiado o tiene visos de cambiar en Irak, pero echando la vista atrás y un ojo a la actualidad solo hay sitio para las preguntas sin respuesta; para iraquíes que no se atreven a volver a su país; para un expolio cultural permitido por todos; para asesinatos sin juicio justo, como el de José Couso, y para otros que sí fueron condenados por expresar su impotencia públicamente, como el periodista iraquí Muntazer al Zaidi, nueve meses en la cárcel por lanzarle un zapato a Goerge W. Bush durante su visita a Irak en 2008. El 20 de marzo de 2013 se ha cumplido una década de una invasión de destrucción masiva.