A punto de alcanzar su sexto cumpleaños, el Matadero de Madrid crece sin complejos en el espacio urbano del sur de la capital desde el inicio de su actividad, en 2007, y proyecta una luz de modernidad sobre el río Manzanares, a modo de ensayo acertado de cómo es posible recuperar un conjunto arquitectónico en desuso .

MataderoMadridExposición fotográfica en el espacio ‘Calle Matadero’, sobre soporte de estructuras de andamio. BF

El complejo cultural contemporáneo Matadero Madrid es un ejercicio de arquitectura ‘sostenible’. En él se han respetado los cimientos de las naves originales de estilo neomudéjar proyectadas por Luis Bellido en 1907 y que integraban el antiguo matadero industrial y mercado de ganado de la ciudad -en actividad de 1924 a 1996-, para albergar, hoy, un abanico multidisciplinar y creciente de nuevas manifestaciones artísticas vinculadas al diseño, la música, el cine, el teatro, las artes plásticas o la lectura.

Pero para los habituales de esta zona de la ciudad y para otros muchos que se dejan seducir por sus encantos, el Matadero representa aún mucho más. Un elemento de conexión del sur con la vida artística del Madrid centro; un cambio de modelo en lo que a espacio cultural se refiere; un paso a la modernidad que nos acerca timidamente a otros históricos edificios industriales reconvertidos en cultura, como la Tate Modern de Londres, la Kühlhaus de Berlín o el Gashouder del Parque de la Fábrica de Gas de Amsterdam.

La inauguración en febrero de 2007 del vestíbulo y el espacio Intermediae, cuya rehabilitación, con el hierro y vidrio como materiales protagonistas, corrió a cargo del arquitecto Arturo Franco, marca el punto de partida de un Matadero que comprende hoy una decena de lugares con nombre propio: la Central del Diseño; Abierto x Obras; las Naves del Español; la Cineteca; la Nave de Música; la plaza y calle Matadero; la Nave 16; el taller y oficina de coordinación y la reciente Casa del Lector.

Sus múltiples accesos totalmente libres de barreras arquitectónicas -Paseo de la Chopera, plaza de Legazpi y Madrid Río- son un llamamiento adicional al paseo por sus naves, una invitación a descubrir nuevas propuestas de mostrar la creación artística. La inmersión en el recinto propone un recorrido que dista de la concepción de centro cultural tradicional. Se trata de una ruptura con la sala de exposiciones clásica, en la que el concepto de espacio público se funde con la obra y es el propio visitante el que debe ir descubriendo los rincones que han hecho merecedor a Matadero Madrid de galardones como el FAD de Arquitectura 2012.

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                               Vista de Matadero Madrid desde la ribera opuesta del Manzanares. BF