slide Fiorilli

Emanuele Fiorilli, en el centro de la imagen, durante una de sus coberturas para RAI en Bagdad.

El periodista italiano Emanuele Fiorilli comparte con Actuálisis su opinión sobre la figura del corresponsal extranjero, algo que ha vivido en carne propia en París, Madrid y Estambul al servicio de la televisión pública RAI, a la que está vinculado desde 1986 y para la que además ha cubierto conflictos en Kosovo, Etiopia, Rwanda, Burundi, Kabul, Cachemira e Irak.

En el panorama radiofónico, su interés por las primeras emisoras privadas lo llevan a ser uno de los fundadores de Radio Gemini One o Radio Torino Internacional. Antes de entrar a formar parte del ente público televisivo, Fiorilli pasa por las redacciones de La Stampa, Tuttosport o la agencia de periódicos asociados AGA.

P.- ¿En qué estado se encuentra hoy el oficio del corresponsal?

Emanuele Fiorilli.- Depende de los objetivos que el medio de comunicación quiera alcanzar. Creo que para valorar, analizar, contar, explicar hace falta vivir el día a día del país. Presentar al verdadero Zapatero –me acuerdo cuando negaba que la crisis estaba a las puertas en las elecciones de 2008-, vivir los últimos (espero) temblores de ETA, y después constatar que España estaba resbalando, antes que otros, sobre el plano inclinado de la crisis. Un enviado llega, cuenta un aspecto, y después regresa a su redacción. Un corresponsal camina por la calle, habla con la gente, sigue todos los días los periódicos, las radios, las televisiones, va al cine, al teatro, entra en las casas de los españoles y comparte con ellos alegrías y angustias. En definitiva, se sumerge en el país y trata de contarlo no solo leyendo las agencias sino interpretando las causas de una noticia.

P.- Los medios de comunicación, ¿han sabido adaptarse al contexto tecnológico actual o están aún por detrás?

EF.- Si no lo han hecho todavía deberán hacerlo. La sede RAI de Madrid, en 2008, ha sido la primera sede exterior digitalizada de mi empresa. Gracias a mis colaboradores Javier y Noelia pienso que he desarrollado un intenso trabajo. Hemos alcanzado un pico de 1.200 servicios en un año.

Emanuele Fiorilli.

Emanuele Fiorilli.

P.- ¿Las cualidades que debe reunir un buen corresponsal siguen siendo las mismas hoy día?

EF.- Ser honesto, no dejarse influenciar y sobre todo intentar contar el país a pesar de que, a veces, se tiende a mirar con ojos de un italiano y no se entiende el porqué.

P.- Desde su experiencia en el periodismo de guerra, ¿qué opina del conflicto de Siria y de la actual situación de Egipto?

EF.- Respondo con las palabras de mi compañero Domenico Quirico (periodista del diario italiano La Stampa, recientemente liberado tras 152 días de secuestro a manos de rebeldes sirios islamistas de Al Faruk): “He sido traicionado por la revolución siria. Ya no es laica y democrática. He estado cinco meses en Marte y me he dado cuenta que los marcianos son malos”. El problema no reside en la religión, sino en el extremismo y la radicalización. ¿Recordáis el proyecto de un gran Islam que incluye Andalucía?…

P.- De las coberturas realizadas en España, ¿hay alguna de la que guarde un especial recuerdo?

EF.- Una entrevista a un chico con síndrome de down que terminó sus estudios universitarios, ahora ejerce de profesor y hasta ha participado en una película (Pablo Pineda, Concha de Plata al mejor actor en el Festival de Cine de San Sebastián de 2009 por «Yo, también»). Vivía en Málaga y ha tenido la suerte de tener una familia que, lejos de compadecerlo, lo ha estimulado. Este es el recuerdo más bonito que guardo de España, de la España que lucha y alcanza los objetivos.

P.- Las protestas que se suceden en Madrid contra las actuales políticas del Gobierno, ¿tienen algo en común con las manifestaciones populares en Italia?

EF.- Sí, la crisis económica. Los albaneses escapan de Grecia porque ya no hay trabajo, con esto está todo dicho.

P.- La proliferación de los freelance, ¿está salvando al periodismo o a la cuenta de resultados de los medios de comunicación?

EF.- Los compañeros freelance están explotados, mal pagados y merecerían ser protegidos.